Si se puede evitar…

Con mucha frecuencia los psicólogos, neuropsicólogos, psicomotricistas y terapeutas ocupacionales nos encontramos con un dilema:

La persona con demencia puede presentar alguno o varios de los signos que a continuación enumero:  depresión, apatía, ansiedad, labilidad emocional, deambulación errática, irritabilidad, agresividad, preguntas repetitivas, conductas reiterativas, insomnio u otros trastornos del sueño, seguimiento persistente del cuidador, trastornos de la alimentación, trastornos de la sexualidad, ¿es necesario medicar a la persona? ¿es conveniente?

Como en gran parte de las decisiones que los seres humanos tomamos, habrá que sopesar los costes y beneficios, recordemos que la medicación siempre tiene costes para la salud (efectos secundarios, contraindicaciones), además de los económicos y no siempre va a obtener los beneficios esperados, no es la panacea universal que todo lo cura.

Los cuidadores formales e informales de las personas con demencia deseamos evitar en la medida de lo posible las “sujeciones físicas” y también las “sujeciones químicas”.

Existen numerosas estrategias que permiten mejorar esos signos a los que aludíamos, de modo que podamos decir: si con la intervención no farmacológica podemos evitarlos o reducirlos, vamos a probar.

Existen además numerosos estudios que muestran que muchos de esos signos pueden disminuir o incluso remitir con ese tipo de intervenciones:

La estimulación cognitiva y dentro de ésta la orientación a la realidad (TOR), la terapia de reminiscencia (emocional-cognitiva), la actividad física, la musicoterapia, la terapia con animales, las técnicas de relajación, la arteterapia, la psicoterapia e incluso la educación y entrenamiento de los cuidadores (profesionales y no profesionales) pueden ayudar a prevenir la aparición de esos signos no deseados o a disminuirlos cuando ya han aparecido.

Por eso, profesionalmente yo aconsejo que la persona asista a un centro de día especializado en demencias desde los estadios más leves de la enfermedad, ya que  la persona se beneficiará de la adquisición de una rutina, así como de todo tipo de intervenciones terapéuticas que se realizan en esos centros y por último del beneficio de mantener una vida activa física y socialmente.

Así que si se puede evitar, y solo si se puede evitar… evitemos los fármacos para cambiar la conducta o el pensamiento, existen intervenciones no farmacológicas para ello. Y no quiere decir esto que cerremos la puerta a los fármacos, en ocasiones hay que combinarlos con las terapias no farmacológicas y en otras es absolutamente necesario su uso para preservar el bienestar de la persona afectada y de los que le rodean.

 

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