¿Olvidos cotidianos o falta de atención?

Son muchas las personas que se quejan y se preocupan por su memoria a edades tan tempranas como pueden ser sus 40, 50 o 60. Algunas de esas personas llevan toda su vida teniendo dificultades del mismo tipo, pero antes no les preocupaban y con el paso de los años empiezan a concebirlas como síntoma de un problema, otras han comenzado a tenerlas recientemente, entonces se asustan y llegan incluso a consultarlo con el médico o el psicólogo.

Lo cierto es que los olvidos cotidianos, si bien pueden ser síntomas de que algo empieza a fallar,  pueden ser también inocuos, y deberse solamente al funcionamiento normal de nuestro cerebro o a la forma de vida que llevamos.

Y precisamente la vida tan agitada y rebosante de estímulos a la que la mayoría de las personas nos vemos sometidas puede generar errores que se producen por fallos en otros procesos cognitivos que no tienen por qué ser de memoria y que muy a menudo son fallos atencionales, y la falta de atención puede deberse a que estemos poco atentos (en este caso podemos entrenar/estimular nuestra atención) o bien a que tengamos demasiados estímulos a los que atender.

Así algunas de las quejas cotidianas que aparecen más habitualmente son las citadas por los profesores Montejo y Montenegro[1]:

  1. Olvidos relacionados con la memoria retrospectiva (recordar las cosas que hemos hecho o aprendido), que nos puede llevar a perder objetos de uso cotidiano: las llaves, las gafas,… a no saber si hemos realizado o no determinadas acciones automáticas: apagar el gas o la luz, cerrar la puerta… o a guardar objetos y olvidar donde están: una prenda de vestir, documentos,… o no recordar nombres de personas o caras o números de teléfono que utilizamos habitualmente
  2. Olvidos relacionados con la memoria prospectiva (recordar cosas que hay que hacer en el futuro) como cuando decimos “¿Qué he venido a buscar a esta habitación?” o cuando olvidamos una tarea para hacer: dar un recado, acudir a una cita… o cuando olvidamos algo que tenemos que comprar o la dirección correcta que debemos seguir
  3. Olvidos relacionados con el presente, cuando no comprendemos o recordamos algo que acabamos de leer, o tenemos una palabra en la punta de la lengua o no recordamos de que nos están hablando o de que estamos hablando (perdemos el hilo en las conversaciones) o se nos olvida algo que acabamos de escuchar o ver
  4. No saber la fecha actual

Conocer qué tipo de olvidos tenemos y cuáles pueden ser sus causas nos puede ayudar a pensar e implementar estrategias para que se produzcan menos habitualmente.

Está bien saber que para recordar se tiene que pasar por estas fases: 1. registro (solamente podemos recordar aquello que percibimos y a lo que atendemos, si no atendemos es fácil que se olviden gran parte de los estímulos a los que estamos expuestos), 2. retención (para retener información tenemos que codificarla, por ejemplo mediante la visualización o la elaboración de la información que se nos presenta: organizándola, asociándola a otras cosas…etc.), 3. recuerdo (para recuperar la información tendremos que seguir procedimientos como la búsqueda de claves o de referencias verbales, visuales, espaciales y otras)

Ahora prestemos atención a la importancia de la falta de atención que a menudo es la causante de que tengamos esos olvidos cotidianos:

Cuando la tarea está sobreaprendida y muy automatizada la realizamos sin prestar atención (cerrar la puerta, apagar el gas …etc),  una estrategia puede ser desautomatizarla parcialmente, incrementar la atención que le prestamos e intentar eliminar la conducta de comprobación, puede venir bien decir en alto lo que estamos haciendo (“estoy apagando el fuego hoy martes nueve de enero y no voy a volver para comprobarlo”)

También por falta de atención perdemos objetos de uso cotidiano, los dejamos mientras realizamos cualquier otra actividad o pensamos en otra cosa, se trata de un fallo de memoria episódica reciente, pero puede deberse a los pocos recursos atencionales utilizados para depositar o guardar, que llevan a que no almacenemos la información, entre las estrategias que pueden ayudar está la misma que para el caso anterior: incrementar la atención, así como también seguir siempre la misma pauta: dejar las gafas, las llaves, el monedero…en el mismo lugar y no cambiar el lugar nunca o lo mínimo posible.

Cuando nos preguntamos a menudo “¿qué he venido a buscar aquí?” puede estar fallando la memoria contextual (recordamos mejor la información cuando está ligada al contexto en que la hemos adquirido), la intención de buscar algo en particular se generó en un sitio y al cambiar de sitio perdemos las claves contextuales que nos ayudarían a recordar de qué se trataba. Es frecuente que al volver al sitio donde se generó la información (que se almacenó), se recuerde. A menudo también ha fallado la atención que pusimos cuando pensamos en ir a por algo: incrementar la atención, procurar codificar la información más profundamente puede ser útil para que no se produzcan esos olvidos.

No recordar lo que acabo de decir o perder el hilo de la conversación se puede deber a que no se codifica o se elabora la información o también a que no se escucha/habla atentamente, muchas veces estamos pensando en otra cosa. Eso mismo puede suceder con lo que acabo de leer: pensamos en otra cosa y la lectura también puede llegar a estar muy automatizada, a veces basta preguntarse ¿qué estoy leyendo? o repasar mentalmente lo que estoy leyendo.

La memoria prospectiva nos sirve para recordar citas, tareas, recados, productos de la compra, olvidar este tipo de cosas también es una queja frecuente, utilizar estrategias de memoria (categorizar la información, usar reglas mnemotécnicas) puede beneficiar, pero hoy en día es muy útil disponer de ayudas externas como el móvil o una agenda (a veces veremos que son tantas las cosas que hay que recordar que aceptaremos que es difícil ser infalible)

Otra queja frecuente es la confusión sobre la fecha actual, en personas sanas se “propone” que la disminución de claves temporales en el quehacer diario al desaparecer las obligaciones cotidianas podría dar cuenta de la desorientación, a todos nos sucede más frecuentemente en vacaciones.

Para terminar, dada la sobrecarga estimular a la que estamos expuestos, la gran cantidad de tareas y datos que tenemos que almacenar, yo recomiendo «para todas las edades» entrenar la atención/concentración, realizando actividades que la exijan y también practicando ejercicios de atención plena en todas las actividades cotidianas que nos lo permitan (al viajar en el transporte público, durante las comidas, la ducha o el acto de vestirnos, y al relacionarnos con otras personas)

Graciela Otero Fernández

Neuropsicóloga

Colegiada Nº: M-27621

 

Bibliografía:

[1] MONTEJO CARRASCO, Pedro, MONTENEGRO PEÑA, Mercedes (2006). “Memoria ciotidiana en los mayores”. Madrid, Portal Mayores, Informes Portal Mayores, nº 60. Lecciones de Gerontología, VIII [Fecha de publicación: 19/09/2006]. <http://www.imsersomayores.csic.es/documentos/documentos/montejo-memoria-01.pdf >

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