¿Y por qué no?

He tenido durante el pasado mes la oportunidad de participar en actividades de información y formación relacionadas con la Atención Integral y Centrada en la persona.

Para quien no lo conozca existen numerosas definiciones y maneras de entenderlo, pero todas ellas coinciden en algunos presupuestos, tomemos la definición que dio en 2004 Dawn Brooker. Consiste en  respetar y valorar al individuo como miembro de pleno derecho de la sociedad.Elaborar un plan de atención individualizado en sintonía con las necesidades cambiantes de las personas, con nuevos elementos de compensación y de reafirmación a medida que las discapacidades cognitivas aumentan y comprender la perspectiva de la persona que sufre demencia y para terminar ofrecer una psicología social de apoyo a fin de ayudar a las personas con demencia a vivir una vida en la que perciban un relativo bienestar.

Para los profesionales que trabajamos con personas dependientes supone un cambio de paradigma que implica plantearse nuevas preguntas así como revisar algunos hábitos presentes en la atención que en la actualidad damos a las personas para las que trabajamos.

Como profesional y como persona me parece que todos los que nos relacionamos con alguien que depende de nosotros debemos afrontar dos preguntas y estas deben estar presentes en todo momento cuando nos ocupamos de otros, la primera es ¿tengo derecho?, por ejemplo ¿tengo derecho a no dejar que se levante a lavar el vaso del yogur porque lo quiere rebañar y al mezclarlo con agua puede cumplir con su objetivo?, ¿ a obligarle a ducharse?, ¿a decidir que ropa y que calzado tiene que llevar?, ¿a prohibirle decir palabrotas? ¿ a decidir que hagamos estimulación cognitiva?. ¿tengo derecho a retirarle las llaves del vehículo? ¿tengo derecho a llevarle a un centro al que no quiere ir?… no hay verdades absolutas, pero la pregunta es obligatoria, solo así podremos respetar la autonomía de cada persona hasta donde esta sea posible, sin olvidar eso sí que como decía Sartre la libertad de uno termina donde empieza la libertad de otro.

La segunda pregunta que podemos hacernos cuando la persona que depende de nosotros quiere hacer algo sería ¿y por qué no? y volveríamos a formular las mismas preguntas ¿por qué no dejarle rebañar el vaso del yogur? ¿por qué no dejar que no se duche (un día en particular o nunca, pues es diferente? ¿por qué no dejar que lleve la ropa y calzado que quiere llevar? ¿por qué obligarle a no decir palabrotas? ¿por qué no dejarle decidir si quiere o no  hacer estimulación cognitiva? ¿por qué no dejarle conducir? ¿por qué no dejar que decida si quiere o no ir al centro?…y de nuevo, la respuesta no está cerrada, cada persona es un mundo, cada situación es diferente, y volveríamos a la reflexión sobre la libertad.

A menudo creemos saber mejor lo que al otro le conviene y es más fácil caer en ello cuando el otro depende de nosotros, por eso debemos estar muy atentos para no caer en dejar de respetar a la persona: su autonomía y su dignidad.

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