Evaluación neuropsicológica: Enfermedad de Alzheimer

 

Todo comienza generalmente así: La persona que tengo delante ha sido derivada a mi -como neuropsicóloga- porque se sospecha que tiene deterioro cognitivo, es posible que traiga una etiqueta diagnóstica del tipo: ” Enfermedad de Alzheimer probable”.

Mi labor consistirá en elegir unas pruebas, pasárselas y elaborar un informe con lo obtenido en la evaluación.

A la hora de determinar que procedimiento voy a seguir tendré que tener en cuenta los objetivos y las características del paciente.

¿Para qué?

Esa persona o su familiar solicitan una evaluación neuropsicológica, lo primero que necesito saber es con que fin.

Podría ser que solamente quiera saber “cómo está en ese momento”, pero lo más probable es que quiera esa información para utilizarla, generalmente deseará utilizarla para llevar a cabo acciones encaminadas a mantenerse “el mayor tiempo posible”, también podría ser que precise la información para solicitar incapacitación, ayuda, la baja laboral -si todavía trabaja- o en algunos casos se pide esta evaluación al neuropsicólogo para corroborar o cuestionar el diagnóstico -en algunos casos no está claro de qué se trata- .

¿ A quién evaluaré?

Debo atender al nivel de inteligencia previo del sujeto, a su nivel educativo, y tener en cuenta factores como la dominancia manual, las capacidades sensoriales preservadas o no, la posible co-existencia de otras enfermedades que puedan dar cuenta de los resultados que se encuentren.

De modo que el primer paso para llevar a cabo la evaluación inicial será una entrevista, a ser posible con el paciente y algún familiar que pueda complementar los datos que el primero me facilita, a través de esa entrevista conoceré la trayectoria vital del paciente, estudios, profesión, situación actual, su historia clínica, los síntomas que presenta y desde cuando, esta primera entrevista me puede dar alguna pista sobre cuales pueden ser las áreas más afectadas: la atención, el lenguaje, la memoria, la función ejecutiva, las capacidades viso-perceptivas y visoconstructivas, las capacidades motoras, la conducta, las emociones, y será clave para determinar que pruebas utilizar.

¿Qué pruebas voy a utilizar?

Con la primera entrevista me planteo una hipótesis sobre cual es la situación, cuales serán las capacidades más afectadas y cuales las más preservadas y esa hipótesis determinará qué pruebas utilizar, en cualquier caso siempre utilizaré pruebas estandarizadas para la población española y que no supongan sesiones de evaluación demasiado largas (para evitar el agotamiento del paciente, el estrés que le puede producir ser evaluado, y reducir en la medida de lo posible el coste económico) y las apoyaré con pruebas específicas para las áreas que pueden estar más afectadas.

En particular yo utilizo el MEC de Lobo, el tiempo estimado de aplicación son diez minutos, para evaluar de manera global el estado del sujeto: las capacidades atencionales, la orientación temporal, espacial, la memoria inmediata y a corto plazo, la capacidad de manipular información mentalmente, la denominación, la repetición, el razonamiento, la comprensión lectora básica, la iniciativa y la praxia ideacional y constructiva, pero añado a los ítems estandarizados (si lo veo adecuado para la persona) otros similares pero de mayor dificultad para evitar el efecto techo que esta prueba tiene para los sujetos con leve deterioro cognitivo y alta capacidad intelectual y/o alto nivel cultural. Esta prueba permite una buena comunicación entre profesionales y puede servir de punto de partida para valorar a lo largo del tiempo la evolución del paciente.

Además de ésta, utilizo una prueba de fluidez verbal, ya que esta capacidad se ve muy afectada en las personas con trastornos neurodegenerativos.

Añado el test del reloj  ya que ofrece una información muy valiosa sobre la percepción visual, coordinación visomotora, capacidad visoconstructiva y de planificación y ejecución motora.

Se pueden o no añadir otras pruebas específicas en el caso de que las características observadas en la entrevista las hagan necesarias: existen pruebas globales (de las que se pueden utilizar determinados apartados) y específicas para distintas funciones cognitivas: lenguaje, atención, memoria, gnosias, praxias, función ejecutiva, o incluso pruebas de los test de inteligencia que proporcionan información detallada sobre las capacidades del sujeto.

En caso de que se desee realizar una evaluación exhaustiva de la memoria en sujetos con deterioro muy leve se pueden utilizar pruebas de Aprendizaje Verbal como el TAVEC o el Test de Aprendizaje Auditivo Verbal de Rey, y pruebas de memoria visual como el test de la Figura Compleja de Rey o existen escalas específicas de memoria como la WMS-IV (Escala de memoria de Weschler) que contiene seis pruebas que evalúan memoria auditiva, memoria visual, memoria inmediata, memoria demorada y memoria de trabajo visual.

Durante la evaluación valoraré como se siente la persona: si está tranquila, su estado de ánimo, su actitud ante las pruebas, cómo reacciona ante sus errores, si se cansa o no. Además de la evaluación cognitiva sería muy oportuno llevar a cabo una exploración de la conducta y la situación afectivo-conductual.

Una vez realizada la evaluación hay que analizar los resultados de las pruebas, cuantificar las puntuaciones del sujeto (y compararlas con su grupo de referencia) y valorar cualitativamente todo lo que hayamos podido observar.

De éste análisis resultará un informe que debe reflejar los datos obtenidos a través de los test, la observación y toda información que se considere relevante. El informe también ha de aportar información sobre las fortalezas cognitivas del paciente así como de sus debilidades e incluir recomendaciones y orientaciones para una posible intervención neuropsicológica así como para la vida cotidiana.

Así que si precisas una evaluación neuropsicológica por éstas u otras razones, el procedimiento es similar (cambiando el protocolo de pruebas a aplicar), no dudes en consultarnos tu caso.

Graciela Otero Fernández

Neuropsicóloga

Número de colegiada: M-27621

neuropsicologa@madridpsicologos.com